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"The violets in the mountains have broken the rocks."
divendres, 28 d’agost del 2009
dos lunas.
Y yo estaba ahí, impaciente, esperando las dos lunas que tanto prometían. Con una camiseta del periódico, atada a la altura de la cintura, y mis recién cortados tejanos viejos. Esperando a mis futuras compañeras, amantes de la noche. Esperé y la verdad es que sigo esperando. Se por donde sale la luna, la he observado millones de veces des del balcón. También veía la luz apropiada de su hermanastro el sol. Pero no aparecía. La luz se desvanecía, y se llevaba con ella mi esperanza. La decepción se apoderó de mi cuerpo junto al primer rayo de sol. Me quemó y molestó más que nunca, no deseaba verlo a él, sino a las dos lunas que me robaron el corazón en tan solo nombrarlas. Decidí escabullirme más de mi habitación por las noches, y pasar buena parte de ellas allí, en el balcón, esperando sin cesar la aparición de mis dos lunas. Se me eriza el pelo en tan solo recordar esa madrugada. Al lado de flores, coloridas y llenas de vida. Tan vivas como me sentí yo ese día. Tan vivas como la ausencia de mis nocturnas compañeras. Tan vivas como esa ausencia me hizo sentir.
dilluns, 24 d’agost del 2009
Carta a la vida misma.
Me gusta, escribes bién, no es que yo sea profesional, no soy nada menos que alquien que vive sencillamente por y para la escritura. Si eres alguien como yo, me encantaría conocerte.
Me gustan tus textos, en mi parecer, es como si ya los hubiera leído, y no te estoy llamando plagiadora, ni nada por el estilo, si no que te hecho un piropo, esta sensación la provoca la identificación, me identifico, y me desnuda por completo el alma. Espero seguir leyéndote.
Me gustan tus textos, en mi parecer, es como si ya los hubiera leído, y no te estoy llamando plagiadora, ni nada por el estilo, si no que te hecho un piropo, esta sensación la provoca la identificación, me identifico, y me desnuda por completo el alma. Espero seguir leyéndote.
Esa era su vida.
Regresó del mercado, de ese cotilleo ambulante. De ese paraíso de colores, olores y sabores. De esa larga calle conocida por si fiel mercado, por sus vendedores ambulantes, sus gitanas vendiendo bragas y sus clásicos “Top Manta”.
Abrió la puerta, con un simple giro de muñeca, opresando la llave entre sus dedos. Cerró la puerta con un leve movimiento de coxis, y pillizcó un trozo de miga de pan. Se lo llevó a la boca, con sus perfectas manos, con su perfecta manicura francesa, con su magnífica alianza de boda. Cotilleó un poco la revista de la que era socia, y se dirigió a la cocina.
Esa era su vida. Tan solo salía para hacer la compra, preparaba las comidas del día, hacía la colada, y ordenaba la casa.
Tan solo servía para eso. Para eso, y para la apariencia ante los amigos compañeros y jefe de su amado.
Hacía tiempo que esa hortera pero carísima alianza, le pesaba como un pedrusco, aún mayor al tamaño de los que tenía incrustados el anillo. Los años iban pasando, y se le cargaban en la espalda, esperando al próximo pasajero. Su amueblada cabeza no servía para nada más que para hacer las tareas de la casa. Y eso la empezaba a cansar. Quería verse realizada, y aunque sabía que al lado su esposo, no lo conseguiría, aún así, seguía a su lado. Sabía quen él la necesitaba.
Y como tantas otras mujeres, se recompensaba con un vaso de whisky, por su eterno sacrificio. Necesitaba respirar, se sentía exhausta de aguantar callada, día a día, sin tan solo poder dar una idea. Se llenó por segunda vez el vaso, y brindó sin demasiado entusiasmo, por su soledad, brndó por el vaso del día siguiente, brindó por la botella, la única que la escuchaba, y la sabía hacer feliz.
Abrió la puerta, con un simple giro de muñeca, opresando la llave entre sus dedos. Cerró la puerta con un leve movimiento de coxis, y pillizcó un trozo de miga de pan. Se lo llevó a la boca, con sus perfectas manos, con su perfecta manicura francesa, con su magnífica alianza de boda. Cotilleó un poco la revista de la que era socia, y se dirigió a la cocina.
Esa era su vida. Tan solo salía para hacer la compra, preparaba las comidas del día, hacía la colada, y ordenaba la casa.
Tan solo servía para eso. Para eso, y para la apariencia ante los amigos compañeros y jefe de su amado.
Hacía tiempo que esa hortera pero carísima alianza, le pesaba como un pedrusco, aún mayor al tamaño de los que tenía incrustados el anillo. Los años iban pasando, y se le cargaban en la espalda, esperando al próximo pasajero. Su amueblada cabeza no servía para nada más que para hacer las tareas de la casa. Y eso la empezaba a cansar. Quería verse realizada, y aunque sabía que al lado su esposo, no lo conseguiría, aún así, seguía a su lado. Sabía quen él la necesitaba.
Y como tantas otras mujeres, se recompensaba con un vaso de whisky, por su eterno sacrificio. Necesitaba respirar, se sentía exhausta de aguantar callada, día a día, sin tan solo poder dar una idea. Se llenó por segunda vez el vaso, y brindó sin demasiado entusiasmo, por su soledad, brndó por el vaso del día siguiente, brindó por la botella, la única que la escuchaba, y la sabía hacer feliz.
dissabte, 22 d’agost del 2009
86400 segundos.
Hice una mueca de disgusto. Ese día marcó el comienzo de otra etapa que no me interesaba para nada. Marcó el principio de una situación que incomoda hasta a un pato. Selló el brote de una historia poco conveniente. Grabó el comienzo de una estupidez hecha cuento, hecha historia y novela, hecha poesía y hasta hecha poema. Me agarré la cabeza, con cierta desesperación. Odié ese estúpido día, esas 24 horas, esos 1440 minutos, esos 86400 segundos..Odié ese desprecio que sentía en aquel preciso momento por mi ser..Entonces, en un fuerte suspiro, me di por vencido.
estúpida butaca de un loquero.
Ya ves, sigo pensando que es una tontería sentarme en una butaca, a explicar mis problemas, a alguien que tiene ya su vida, sus problemas con la parienta, con sus hijos, y posiblemente con la crisis. Sigo encontrando estúpidamente absurdo, esperar a que esa persona, me diga qué debo hacer, mientras los problemas sigues aumentando, avanzando en un tiempo récord; y yo aquí, sentado de brazos cruzados, cuando podría estar buscando soluciones que probablemente no darían resultado, pero, ¿y qué?, al menos no me sentiría como un completo inútil, pensando que es una tontería, sentarme en una butaca a explicar mis problemas, a alguien que sé que no le interesan para nada.
Omnipresente.
Tú. Omnipresente. Hasta los santos cojones de que vagues por mi mente como si no tuvieras nada que hacer. Bueno, tal vez es así, pero igualmente odio que aparezcas de la nada, y revuelvas mis pensamientos, mis sentimientos, y mis pasadas emociones. Te odio a ti y a todo lo que te rodea. Odio que habites mi cabeza, y aún odio más no tener la solución de cómo echarte de ella. Resultan inútilmente cansados todos mis intentos de evitarte..Pero qué le vas a hacer tu, cuando no sabes ni siquiera lo que haces. La gente habla, y dice que detesto tus estúpidas intervenciones en mi cabeza..Porqué no quiero que te des cuenta que sigues ahí, en mi mente, y que estás, porqué no soy capaz de sacarte de ella, y tal vez, muy en el fondo, es porqué no quiero.
tristesa amb nom de noi.
I obres la porta, i la trobes plorant. I trobes el llum tencat, la persiana baixada, i a ella al llit. I li trobes un sentiment de pena inmens, que bàsicament li emplena tota l’habitació. I veus com aquest sentiment li summergeix els ulls en llàgrimes, i trobes que mai l’havies vist tan trista. I pensar que tot aquest sufriment té nom de noi. I saps què sent, perquè tu has passat i estàs passant pel mateix, però lo seu és més recent, d’això vénen tants escàndols que reflexen l’estat de misèria que li està fent passar un tio que gairebé acaba de conèixer. I és que, tant es mereix algú com perquè ella sigui la viva imatge de la tristesa?, tant et pots arribar a estimar a algú, com perquè et faci sentir que sense la seva presència no ets res, ni ningú? I en aquest moment entens a la perfecció pel que està passant. I trobes que aniries a cercar a aquell nano, i li faries una cara nova. Però ni tan sols estàs segur del què ha passat. I què fer?, tornar a tencar la porta, i fer com si no haguessis vist res?, tampoc m’ho voldria explicar, pel que veig no em té prou confiança.
...
«¡Estoy harta!», dijo eso y colgó el teléfono enfurecida. Sabía que su vida dependía de la persona del otro lado del cable telefónico, pero no pudo resistir a colgarle, gracias a la rabia que aguardaba en su interior. Y se metió en su mundo, en sus cuatro paredes, a rezar por un Dios en el que ni siquiera llegaba a creer, y sus plegarias resonaron por todo el edificio. Y llegaron hasta los oídos de alguien tan especial, como ella no podría saber nunca que lo era, en ningún sentido. No sabía si rezar le ayudaría, pero antes de cargarse los pulmones fumando, que también la relajaba, prefirió recurrir a eso que hace la gente cuando necesita ayuda, rezar porqué sus problemas desaparezcan.
llantos opacados.
Te conformas con taparte la huella de sus besos con maquillaje, cubres su aroma con perdume y hechas su ausencia de comida a los perros. Y ocultas tu sufrimiento con carmín color cereza. Opacas tu llanto con su camisa preferida. Y sigues negando tu tristeza, sigues negando tu nostalgia. Y crees que forzando tu sonrisa no se notará tu miedo. Y sigues pensando que su retorno será en cuestión de un momento. Y recorre los sitios por donde pasaron momentos felices. Momentos que nunca borraría de su mente, ni aunque lo deseara con todas sus fuerzas Y seuía soñando con aquellas noches interminables para ella. Aquellas tiernas mañanas, acompañadas con el despertar a su lado, aromatizadas con olor a café recién hecho. Y la mañana siguiente a su amarga defunción, al despertar, abrir los ojos y esperar el rutinario y cálido beso de su amado esposo, se dio cuenta, que él no estaba. Que és no estaba y es lo único que se repetía a sí misma. Una y otra vez. «Él no está», y en un fuerte suspiro, notó su ausencia como nunca antes la había sentido. Se le bloquearon los sentidos, se le hizo difícil respirar. Lo necesitaba más que nunca, u él no estaba. Rompió en sollozos, en llantos que anunciaban el comienzo de una fase de olvido. Pero ella, no se daría cuenta, que lo único que necesitaba, era pronunciar su nombre, era..mantenerlo vivo en sus pensamientos. Sencillamente, pensar en él. Qué ironía, ¿verdad?
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